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Ecosistemas después del fuego: heridas difíciles - pero no imposibles - de sanar

Parar, respirar, pensar, actuar. Agradecer por la lluvia y una vez más, parar, respirar, pensar y actuar.


El presente año (2019) Bolivia, uno de los quince países más megadiversos del mundo, se vio afectado por una inusual oleada de incendios causada por distintos factores, tanto climáticos como por garrafales desaciertos humanos. Entre enero y octubre se vieron afectadas, por el fuego, más de cinco millones de hectáreas, entre las que se encuentran bosques de distintos tipos, pastizales, comunidades, propiedades privadas y territorios indígenas entre otros.

Un trabajador intenta terminar de apagar el fuego que queda después de que la estancia entera se quemara durante toda la noche. Estancia Charleston, Área Natural de Manejo Integrado San Matías.

En general los cálculos numéricos resultan complejos de realizar, pero además resultan difíciles de dimensionar o de imaginar siquiera… ¿Quién ha visto un millón de algo, de cualquier cosa, junta? Quizá lo más sensato sea pensar en qué es lo que ha quedado, qué es lo que esto representa y qué es lo que se necesita hacer de aquí en adelante, sin dejar de lado el luto ecológico del país y el dolor cultural que han causado esas más de cinco millones de hectáreas…quemadas.

Ñembi Guasu, una de las áreas protegidas perteneciente a la Autonomía Indígena de Charagua, la cual nunca había sufrido fuego, vio afectado casi el 34% de toda su superficie. De los 1,2 millones de hectáreas consolidadas como área protegida este año se quemaron aproximadamente 406.000.

Parar, respirar, pensar, actuar.


Parar el fuego fue la tarea más importante en los últimos meses en Bolivia. El suplicio paró únicamente después de algunas lluvias torrenciales que, sofocaron gran parte de los focos de calor que estuvieron activos por más de cincuenta días. En este periodo de tiempo, la más afectada de todos fue la naturaleza y sus ecosistemas.

Una cierva de los pantanos en el Parque Nacional y Área Nacional de Manejo Integrado se refresca en los pocos remanentes de agua en la región. En general la población de ciervos sobreviviente al fuego pueden verse delgados y muy vulnerables.

Una vez llegada la lluvia y disminuido el fuego, ¿qué hacer?


Respirar.

La naturaleza es extremadamente sorprendente si la dejamos hacer los suyo. Si le permitimos reiniciarse, recomponerse y reconfigurarse. Quizá el ejemplo más drástico de esta capacidad de resiliencia sea Chernóbil donde, el año 1986 estalló un reactor de la planta nuclear, causando una verdadera catástrofe y convirtiendo a la región en un desierto fantasma.


La atmósfera radioactiva hace que, hasta el día de hoy, ningún ser humano pueda mantenerse en ese lugar sin protección por mucho tiempo sin sufrir daños letales. Hecho que, ha mantenido al hombre completamente aislado de aquél ambiente. Hoy, treinta y tres años más tarde, el área se ha visto repoblada por comunidades de vegetación y animales silvestres que, se han apropiado del lugar, protegidos de la presencia del hombre. Ese es uno de los casos más evidentes de resiliencia, de recuperación de los sistemas, si se les deja en paz.


Los ecosistemas que estuvieron bajo fuego en el país, necesitan lo propio, requieren tiempo para re iniciarse y re configurarse. Es importante darles tiempo, dejar que los procesos naturales sigan su curso, protegerlos y evitar que daños similares o mayores alteren ese proceso natural de recuperación.


En el Parque Nacional y Área Nacional de Manejo Integrado Otuquis el porcentaje de área afectada fue del 32%, si bien dentro del área protegida, existen ecosistemas adaptados al fuego, como los paratodales que, florecieron en medio de las cicatrices dejadas por el fuego, también hubieron ecosistemas que se vieron afectados por primera vez.

Los estudios, evaluaciones y monitoreos subsecuentes, serán el equivalente a los análisis que requiere un médico para hacer un diagnóstico. Por ejemplo, radiografías, tomografías, análisis de sangre y todo aquello que se considere necesario para saber cuál es el estado del paciente, qué y cómo intervenirlo.


En el caso de los ecosistemas en Bolivia actualmente sucede lo mismo, se requerirán análisis espaciales, análisis temporales, inventarios, evaluaciones de campo, revisión de estudios históricos y todo aquello que, permita conocer el estado en el que estaba el rompecabezas y cuál es su estado actual, para saber dónde, cómo y cuándo aplicar el tratamiento que corresponda.


En el área protegida Ñembi Guasu, hubo zonas que, ardieron durante días, dejando ecosistemas reducidos casi únicamente a arena y cenizas, dejando cicatrices ecológicas de cientos de kilómetros.

Es imperioso comprender que, durante el fuego, no todo lo que se perdió fueron árboles, se quemaron sistemas, ecosistemas, ensambles de vida, es decir, suelos, microflora, micro fauna, insectos, anfibios, reptiles, mamíferos, aves, bacterias, hongos, etc. Todos los organismos vivos que hacían que ese sistema funcionase y sea como sea la recuperación de estos espacios sea de manera activa o pasiva requieren de tiempo, mucho tiempo por lo tanto también mucha paciencia para su restauración.

Solo si se le cede a la naturaleza ese espacio y ese tiempo, podrá demostrar de lo que es capaz.


En los ecosistemas afectados, los bordes generados por el fuego se muestran irregulares. Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Otuquis.

Si alguna vez sufrimos una quemadura en la piel, sabremos que, es de las heridas más difíciles y dolorosas de sanar. Toma tiempo, se recupera capa por capa, deben prevenirse infecciones, que nada la empeore y dejar que, poco a poco las células reconstituyan el tejido faltante. Con los ecosistemas pasa lo propio, poco a poco pueden reconstituirse si les damos tiempo y dejando que demuestren la capacidad de resiliencia propia de la naturaleza. Ahora toca cuidar que esto no vuelva a pasar y tener en cuenta que, por más que haya heridas difíciles de sanar, lo importante es que no son imposibles de hacerlo.


#conservation #Bolivia #protectedareas #Vamos


Texto: Gabriela Tavera/Fotografía: Andrés Unterladstaetter

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