© 2018 by Andres Unterladstaetter / Gabriela Tavera VAMOS

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YARITUX

ENTRE AMIGOS

Entre Amigos

El Espace Dalí es un pequeño museo donde se exponen de manera permanente alrededor de trescientas obras, en su mayoría esculturas y grabados, exclusivas del excéntrico Salvador Dalí. A diferencia de lo que uno esperaría, este espacio de arte no se encuentra en España, si no en la capital de Francia y no forma parte de la ruta de atractivos turísticos tradicionales como la Torre Eiffel o el Museo del Louvre.

 

Al “Espace” se llega a través de serpenteadas calles y recovecos por detrás del Sacré Coeur (ese sí en la lista) y es el escape perfecto a las hordas de turistas que hoy en día abarrotan casi todos los históricos rincones de Europa. Al entrar el silencio alivia, la iluminación disminuye el ritmo cardiaco. El momento se torna íntimo y una casi imperceptible música fantasmagórica completa el escenario guiando al visitante de obra en obra acompañándolo a vivir la experiencia surrealista que regala el museo. Son su pequeñez y sus particularidades, las que convierten esta galería en una gran joya poco conocida en el corazón de Montmartre.

Hace casi un año atrás por estas fechas viajamos a San Javier de Chiquitos, una abogada, una arquitecta, un artista, un fotógrafo y una bióloga, algo parecido al interior de una piñata previa a reventar. Fuimos a participar (algunos por primera vez) de la celebración de San Pedro y San Pablo, festividad que desde hace algunos años rescata los valores culturales de la zona revitalizando la participación en bailes tradicionales de personajes como los “Yarituxes” y “los Abuelos”. Fue así que llegamos al pueblo popularmente conocido por sus cuñapés y su iglesia de tallados en madera declarada patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO, donde también llegamos a visitar un pequeño y peculiar espacio, la casa de Juan Bustillos: el Búho Blanco.

A la entrada del Búho se observa una especie de patio recibidor, donde destacan una serie de esculturas en piedra y un enorme buey de chatarra soldada. Cruzando una pesada puerta de piedra tallada se encuentra una galería de arte y al mismo tiempo casa o casa y galería de arte. Es una bóveda de concreto que integra la geomorfología del lugar a la arquitectura consiguiendo resaltar sobre todo las grandes piedras que resultan el atractivo principal de este lugar.

El detalle de cada puerta, el suelo, los desniveles de cada espacio, hasta los elementos que denotan la cultura japonesa de la esposa de Juan, todo ha sido cuidadosamente emplazado en una distribución armónica que permite al visitante disfrutar las obras que se exhiben al interior abrazado por una atmósfera acogedora, tanto como la personalidad y carisma de Juan y Yasuko.

 

-     Por aquí pasaron las misiones jesuíticas y dejaron su propio legado, ahí están las iglesias y los trabajos en madera que resaltan, pero hoy en día ya no se puede seguir trabajando en ello. Y aquí están, casi dejadas de lado: las piedras. Piedras que tienen miles de años, que han estado aquí incluso antes que los jesuitas y que seguro seguirán estando cuando nosotros mismos ya no  - dice Juan mientras cuenta cómo el Búho Blanco rescata valores típicos tradicionales en las obras expuestas en la galería, al mismo tiempo que la propia estructura rescata la belleza escénica y paisajística del área. - Durante mucho tiempo la gente ha visto la piedra como un estorbo, aquí se la destaca - continúa Juan y nos cuenta que esta idea de re valorizar la piedra como elemento artístico, fue lo que lo llevó a desarrollar su proyecto “Entre Amigos”.

Son las 7:30 p.m. y después de unas cuantas peripecias logísticas para colocar una gran lona blanca de pantalla en el patio del Búho Blanco, comienza la proyección del corto que lleva el mismo nombre que el proyecto. De repente el efecto es hipnótico al reconocer en la pantalla a los artistas, todos amigos de Juan y amigos entre sí, desnudando la roca frente a nuestros ojos, ahí en el exacto escenario en el que estamos sentados. El espacio es el mismo, pero los tiempos están superpuestos.  Las esculturas a nuestro alrededor dejan de ser ajenas para pasar a ser escenario y protagonistas, materia prima en pantalla y patio de juegos para los niños que nos rodean mientras se reconocen en las imágenes y sueltan risitas de vergüenza mezcladas con alegría.  No es sólo el frío de la noche el que estremece la piel.

Quizá fueron el enorme buey de la entrada y las particularidades de la casa de Juan sumado al factor sorpresa de encontrar una galería de arte contemporáneo hecha de piedra en la Chiquitanía, como no se esperan las esculturas de Dalí en París, lo que evocó en la memoria ese pequeño museo en Montmartre. Sean el recuerdo del Espace Dalí o el Búho Blanco, las danzas de Yarituxes y Abuelos o las fotos de máscaras/ofrendas, este viaje más que a San Javier nos llevó a comprender que hay diferentes formas de conocer y re-construir historias, como existen diferentes formas de percibir el arte, así como fue lindo disfrutar aquella intimidad colectiva de una noche vívida Entre Amigos.

Textos: Gabriela Tavera/Fotografia: Andres Unterladstaetter